Daniela toma desayuno, conversa y ríe con otras mamás. Está feliz porque probablemente hoy -después de un mes y 11 días- podrá llevarse a su pequeña hija a Santiago, a conocer a sus hermanas.

Daniela Vásquez (26) es de Santiago. Cuando tenía siete meses de embarazo, su pareja y padre de su hija, tuvo un accidente. “Yo fui a ver a mi pareja a San Fernando y se me adelantó el parto allá”, comenta.

Alana Labbé nació fallecida, a las 30 semanas de gestación. Tuvieron que reanimarla y trasladarla de urgencia a la UCI del Hospital Regional Rancagua. Luego de unos días, fue estabilizada y trasladada a la sala de cuidados intermedios. Daniela estaba segura de que pronto se llevaría a su hija, cuando un día llegó a verla y “estaba en la UCI de nuevo. Le había entrado una bacteria intrahospitalaria al catéter, infectándole la sangre. Todo fue muy rápido”, recuerda.

“Sentía mucha impotencia. No quería nada. Pasaba todo el día sentada en una banca en el Hospital pasándome mil rollos”, cuenta Daniela. A esta angustia se sumaba que no había visto a sus otras dos hijas, Yanara (9) y Francia Tobar (7), desde que nació Alana. “Con el papá de mi hija viajábamos todos los días desde San Fernando, porque quedaba más cerca que Santiago”, explica. Por esta razón, sus hijas –que estaban al cuidado de su papá y abuela en Santiago-  conocían a su hermana sólo por las fotos que su mamá les mandaba por el teléfono.

En esos difíciles días, una amiga le contó de la Sala. “Me dijo que era una casita donde llegan las mamás y que había mesitas, sillones, té, azúcar y todo, para que si quieres comerte algo llegues y te sientes”, dice Daniela. Al llegar, se sintió acogida de inmediato. “Las tías te preguntan de dónde eres, por qué motivo estás aquí. Se interesan por lo que estás pasando. Dejas de sentirte sola, porque emocionalmente estás mal y aquí te entregan cariño”, señala.

En la Sala, Daniela no sólo encontró soporte de parte de las asistentes, sino que también de las otras mamás. “Al llegar acá uno se encuentra con mamás con historias diferentes y uno dice ‘pucha, lo que estoy viviendo yo no es nada’. Hay mamás que llevan años acá. Conversas con ellas tu historia, por qué estás acá y qué te pasó en el embarazo”, explica. Y añade que las mamás son todo un amor.

 “Si me voy, me voy feliz, porque me han atendido muy bien. Estoy agradecida del apoyo que me dieron en esta Sala. Al final, dentro de todo lo mal que uno lo pasa, siempre hay alguien que te tiende una mano”, concluye antes de salir en busca de Alana.